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En la actualidad se suele hablar constantemente de inteligencia emocional, un concepto relativamente reciente, que en algunos casos ha sido mal interpretado pues tener inteligencia emocional no es sinónimo bloquear los sentimientos negativos. Experimentar disgusto o displacer es esencial para mantener un equilibrio en nuestro ser.

Se puede decir que una persona cuenta con esta capacidad cuando identifica, experimenta y procesa sus emociones, entendiendo que los sentimientos son pasajeros y nos habitan inevitablemente. Como se mencionó antes las emociones displacenteras como la tristeza, la ira, el miedo, entre otras, no deben ser evitadas, cada uno de nuestros sentimientos tiene un para qué y la inteligencia emocional se basa en reconocer a que me está invitando la emoción del presente para actuar en concordancia, claro está, sin anclarse al sentimiento o evitarlo pues ambas posturas pueden generan trastornos psicológicos.

Algunos de los componentes de la inteligencia emocional son la empatía que es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, las habilidades sociales que nos permiten mantener relaciones interpersonales asertivas, la autoconciencia para poder reflexionar sobre nosotros mismos, la autoregulación que nos ayuda a controlarnos/pensar antes de actuar y la autogestión para mantener la motivación y afrontar la adversidad.

Para desarrollar esta inteligencia es importante que frente a las emociones: percibas ¿Qué sentimiento tengo ahora?, comprendas ¿Por qué me estoy sintiendo de esta manera?, proceses ”está bien tener este sentimiento, voy a dejarlo fluir” y actúes ¿Qué puedo hacer con esta situación/emoción para estar bien conmigo mismo y los demás?

Adquirir esta habilidad requiere tiempo, pues no estamos acostumbrados a detenernos y pensarnos pero con constancia notarás los beneficios de la inteligencia emocional.

 

Laura López Rojas

Psicóloga

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