Image Blog

Se puede afirmar que todos los seres humanos hemos pasado –o vamos a pasar- por situaciones que nos generen gran dolor, ira intensa, tristeza profunda y otras emociones negativas, las cuales podemos asociar con personas, objetos, lugares y demás elementos que nos anclan a esa experiencia.

Esto se debe al impacto que causa en nuestro ser el vivir sentimientos displacenteros, pues no estamos preparados para procesar/tramitar esta información por lo que se convierte en una carga que llevamos a cuesta día y noche. Es común escuchar la expresión “perdono pero no olvido” como una justificación a actitudes ofensivas, generando así una cadena de respuestas poco empáticas que focalizan nuestra atención en la negatividad.

Alguna vez has pensado ¿quién se queda con la peor parte, si no trasciendo esta situación? ¿Cuánta energía me consume el no perdonar? ¿Merezco vivir con esta sensación? Para lograr una vida en armonía debemos despojarnos de todo lo que nos ata en cualquier sentido, vivir cada escenario con los sentimientos que nos genere, sin aferrarnos a ellos, tomar el aprendizaje que trae cada experiencia y dejar fluir el momento para llenar nuestro ser de luz, tranquilidad y amor.

En realidad, el perdón implica renunciar. Renunciar al dolor de mantener un recuerdo doloroso que carcome nuestro pensamiento, renunciar al ego y ver al otro como semejante, renunciar a ser esclavo del rencor.

Te invitamos entonces a pensar en ti, a liberarte por ti mismo, a ser consciente de lo que permites y lo que proyectas. Tienes el poder del perdón, úsalo.

Laura López Rojas.

Psicóloga.

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada..