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La vida es un acertijo lleno de sorpresas, desamores y bendiciones; justo cuando crees que has entendido tu vida una nueva experiencia llega para cambiar todo lo que has aprendido de ella. Es inevitable tener que enfrentar la realidad y ver cómo se derrumban nuestras ilusiones, a pesar de que tenemos momentos llenos de gozo y de plenitud usualmente también vivimos momentos llenos de desasosiego, miedo e incertidumbre; por eso es importante que aprendamos y fortalezcamos nuestro corazón, y que recuperemos la capacidad de enfrentarnos a la realidad con el corazón de un niño, que sin expectativas se adentra en la experiencia dando lo mejor de sí y esperando jugar con la vida; sin embargo cuando crecemos nos aferramos a nuestras ideas de cómo deberían ser las cosas y aquello que poseemos y que se nos ha dado empieza a parecer cotidiano y fútil.

Cuando la vida nos muestra que las cosas no pueden ser como nosotros queremos que sean o cuando nos damos cuenta que tenemos aspectos de nuestra forma de ser que no nos gustan, inevitablemente surge en nosotros una fuerza y un deseo de cambio, pero no nos damos cuenta que el deseo de cambio siempre surge de un rechazo y de una dificultad para asumirnos ante la vida tal y como somos, por eso la vida está llena de paradojas, porque cuando logramos aceptarnos y aceptar la vida tal y como es, se desata la transformación que estábamos esperando como resultado de esta renuncia al deseo de lo que queríamos.

Todos tenemos deseos de transformación, deseos de que el mundo sea distinto en algunos aspectos, de que nuestra vida sea distinta en algunas áreas o de que nosotros seamos distintos en algunos de nuestros rasgos. Muchas veces no nos damos cuenta ni siquiera de lo que queremos cambiar y simplemente decidimos rechazarlo, ignorarlo o reprimirlo, creyendo que si miramos a otro lado la incomodidad que nos genera este aspecto desapareciera con la poca conciencia de éste, sin embargo la transformación es un proceso que abraza la realidad tal y como es. Nunca podemos afirmar que lo que ha pasado en nuestra vida sea para bien o para mal, por más que creamos cómo deberían ser las cosas la vida nos sorprende y nos muestra soluciones sorprendentes a los problemas más angustiantes, sin embargo para conectarnos con estas soluciones y permitir que la vida nos respire y nos mueva es necesario que abramos nuestro corazón y permanezcamos humildes ante el plan de Dios; la mejor manera de hacer esto es conectar con la gratitud de nuestra propia existencia, la gratitud de todo lo que hay en nosotros tanto bueno como aparentemente malo, la gratitud nos enseña humildad y nos ayuda conectar con el gozo de estar vivos sin importar las circunstancias; es por eso que cuando deseamos transformarnos se hace necesario que conectemos con la gratitud que emerge de nuestra alma para poder valorar nuestra existencia y que sin importar las circunstancias, cada uno de los momentos que pasamos en esta tierra nos llena de aprendizajes y nos permite la trascendencia.

Así que agradece tu vida, agradece tus problemas y agradece tus bendiciones, todas ellas son parte de un plan más grande que a pesar de que no lo entiendas siempre lleva a tu liberación y a tu felicidad; sólo necesitas permitir que éste se realice sin resistirte a través de la queja o del apego, permítete agradecer el momento de vida que tienes para leer lo que acabas de leer porque en la cotidianidad se encuentra el secreto de la trascendencia.

Mario Cossio Uribe

Especialista en Psicolgía Transpersonal Integral

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