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Como bien es sabido, la relación que tenemos con nuestra madre es la relación que nos marca para aprender a relacionarnos a lo largo de nuestra vida; podemos ver que este vínculo está marcado por lo general por el amor incondicional, el cuidado, la nutrición, la contención, el afecto y la protección son algunas de las funciones que desarrolla una mamá para con su bebé recién nacido; el bebé va creciendo y la sociedad comienza a opinar sobre lo que la madre debe y no debe hacer… aparecen frases tales como: “no lo cargues tanto”, “déjelo llorar hasta que se calme”, “tiene que aprender”…pero en realidad ¿quién dice que esto es lo que necesita el bebé que está en crecimiento

Muchas veces, por seguir esos mandatos familiares, culturales o sociales, la madre corta su deseo de protección y de cuidado para que el niño vaya aprendiendo, y este aprendizaje que se puede dar de forma natural, se comienza a dar de una manera poco saludable tanto para el niño como para la madre. Cuando una madre limita la satisfacción de las necesidades básicas del niño, entre ellos se comienza a generar un tipo de apego marcado por el miedo y la inseguridad y en la mente infantil del niño se pueden instaurar creencias de insuficiencia, inseguridad, desamor que dependiendo de muchos otros factores se comienza a manifestar de diferentes formas en las relaciones interpersonales que vamos estableciendo a lo largo de la vida.

Si en esa relación primaria, no se sintió confianza, los vínculos que se generen a lo largo de nuestra vida, pueden estar teñidos por el miedo, el cual se puede manifestar como miedo al abandono, al rechazo, a ser dañados, a no ser lo suficientemente buenos para ser amados y si no somos conscientes del origen de estos miedos, posiblemente nos pasaremos la vida generando vínculos que activan esos temores primarios, seguiremos repitiendo los mismos patrones y generando estrategias para evitar caer en esos miedos, dejando de ser nosotros e implementando cosas para complacer al otro y evitar que esos temores se hagan realidad.

Vemos entonces que como adultos cargamos inconscientemente con las ideas, creencias y emociones que son transmitidas desde la infancia con respecto a lo que representan los vínculos, pero esto no quiere decir que no podamos transformar esta manera de vincularnos, pues cuando nos hacemos conscientes de esto, podemos tomar la decisión de hacerlo diferente, de romper nuestras propias barreras y límites personales para vincularnos desde el amor.

Cuando estamos alineados con la intención de trascender nuestro miedo a vincularnos, comienzan a llegar a nuestra vida personas con estructuras distintas que nos permiten empezar a hacerlo diferente, brindándonos la posibilidad de abrirnos con mayor confianza, y en ese sentido no lleva a trascender los límites que se nos han sido transmitido y que hemos mantenido a lo largo de la vida. Es en ese momento, donde puedes dejar de hacer cosas que compensen ese miedo, dejar de complacer al otro y comenzar a sentirte y a sentir al otro, desde una mayor conciencia, interactuando así con mayor espontaneidad y autenticidad.

Para vincularnos más auténticamente es necesario soltar esas viejas creencias, y conectarnos con quienes somos en realidad, soltar lo que no es nuestro, escucharnos y darnos el permiso de hacerlo diferente, de vincularnos desde una nueva perspectiva, abrirnos, y fluir con todo eso que sentimos, sin miedo a sentir, a experimentar a dejarse llevar, creando nuevas experiencias, nuevas ideas y nuevas creencias que nos permitan vincularnos más saludablemente, lo único que puede pasar es que abramos nuestro corazón para amar y sentirnos amados en plenitud, sin preocuparnos por el futuro, simplemente sintiendo lo que pasa y disfrutando de todo lo que emerja; reconociendo que cada persona que llega a nuestra vida y con quien forjamos un vínculo llega a mostrarnos algo de nosotros mismos, a enseñarnos nuevas formas de ver la vida, y a nutrir nuestro mundo para seguir creciendo y evolucionando como seres humanos.

En visión Integral te acompañamos a reflexionar sobre tu manera de vincularte y te brindamos las estrategias para que lo hagas diferente.

Laura Coy Molina

Psicóloga Integral

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