Un universo conciente

La vida es una experiencia maravillosa y sublime, llena de misterios y de posibilidades; sin embargo todos tenemos arraigado en lo más profundo de nuestra mente y de nuestra cultura la idea de que existimos en un universo inerte, mecánico y desconectado. A lo largo de la historia y del desarrollo de la sociedad moderna, el ser humano ha perdido contacto con su origen cósmico y ha adquirido una sensación de desarraigo Universal que afecta profundamente nuestra relación con la vida y con nosotros mismos; el movimiento de expansión de consciencia que ha atravesado la humanidad y la naturaleza, se lo atribuimos al azar y a la lucha por la supervivencia y nuestra mirada del mundo se convierte sutilmente en una experiencia sin sentido donde el dolor y el sufrimiento parecieran ser absurdos e injustos, esta perspectiva desconectada de la vida se encuentra arraigada en lo más profundo de los paradigmas científicos actuales y que han permeado la medicina, la política, la educación, la tecnología y en sí todas las esferas de la realidad, nos lleva a pensar y a sentir que somos una parte desconectada del cosmos y que lo que sucede afuera de nosotros es absolutamente distinto a lo que sucede en nuestro interior.

Las injusticias, la inequidad y la capacidad para el mal que tiene el ser humano se refuerzan con la sensación de que vivimos en un universo fragmentado, en donde no podemos percibir las conexiones que existen entre cada una de las partes, estamos atrapados en la sensación del espacio-tiempo, donde creemos que lo que está en un espacio o en un tiempo distinto al nuestro no hace parte de nosotros y simplemente debemos luchar por la supervivencia del más fuerte heredada de la perspectiva darwinista; incluso si tienes una perspectiva religiosa limitante esta usualmente también refuerza la idea que la salvación se encuentra después de la vida y en otra localización distinta a la misma tierra, reforzando así la idea de que entre este mundo terrenal y duro y el cielo armonioso y amoroso hay una inmensa separación, sin embargo hoy en día se encuentra gestándose y nutriéndose una nueva percepción de la realidad.

La evidencia de la ciencia cuántica, de la espiritualidad, de la biología y de la gran mayoría de ciencias, apunta lentamente a la comprensión de que existe un principio articulante en el universo, un Logos, como fue descrito por los griegos que actúa en conjunto con una fuerza amorosa, Eros, estableciéndose así un principio Ero-lógico que despliega y sostiene la realidad en formas inimaginables, las diferentes manifestaciones dimensionales de la realidad desde lo cuántico, lo mineral, lo vegetal, lo animal, lo humano y lo espiritual; no son más que diferentes expresiones de la misma fuente universal que se despliegan en un impulso de trascendencia a lo largo del tiempo. La emergencia de un paradigma conectado empieza a transformar la perspectiva de todas las ciencias en la medida que nos damos cuenta de que nada se encuentra separado y de que la sensación del espacio-tiempo y de la separación que este genera, no es más que una ilusión ocasionada por las diferentes formas en las que se expresa la consciencia universal, tal como nos lo decían los grandes sabios de hace milenios, un espíritu, una fuerza vital, un flujo primordial atraviesa todas las manifestaciones de la realidad a través de un principio de trascendencia que conlleva a la generación de todas las posibilidades.

La física cuántica ha demostrado que la materia sólo se sostiene en la medida que un observador la percibe, y que el mundo cuántico es un mundo de posibilidades, de la misma manera la lingüística generativa de Chomsky nos habla de que el lenguaje crea realidades, el ser consciente universal sostiene la realidad percibida en todos sus niveles a través de la voluntad de mantener la expresión universal latente, esta nueva mirada de un universo conectado y consciente empieza a tomar fuerza en toda la ciencia ayudándonos a entender que somos una expresión de la misma energía que se expresa a través de una configuración singular, somos distintos sólo en la medida que el Ser universal se expresa de forma particular en cada uno de nosotros, sin embargo todo lo que existe es el Ser manifestado que se expresa por su propia voluntad de otorgarse la posibilidad de percibirse a sí mismo y aprender de sí mismo. Tú, quien lee estas palabras no eres un Ser distinto al universo, eres una configuración singular del Ser universal pero es la identificación con nuestra forma y no con el Ser universal lo que nos hace creer que estamos separados de la totalidad, dentro de un universo consciente no puede existir nada inconsciente por lo que nuestra idea de separación que produce en nosotros sufrimiento y angustia es un asunto de identificación con la forma y no con el Ser que toma conciencia y que se expresa en cada manifestación.

La edad del universo y el azar no son suficientes para producir consciencia desde la inconsciencia como nos ha hecho creer la ciencia, es necesario entender que vivimos en un universo consciente que se expresa en diferentes manifestaciones y que dentro de él nosotros somos la primera forma autoconsciente, pero nuestra perspectiva de que somos los únicos conscientes en el universo solamente nos desconecta y nos arroja en el sufrimiento y la angustia de la finitud temporal.

Cuando trabajas por desidentificarte de tus formas y retornar tu identidad a tu centro, a tu corazón, conectas con el corazón del universo y te das cuenta que tú eres el universo manifestado desplegándose en infinitas expresiones como un regalo divino de la voluntad consciente que juega a la creación y al aprendizaje de sí mismo a través de todo tipo de experiencias y realidades. Permítete adentrarte en el vacío de tu Ser, suelta tus condicionamientos, tus juicios y tus restricciones para encontrar en este flujo de consciencia que emerge de tu centro una dicha inigualable y una riqueza espiritual inconcebible, porque cuando entendemos que somos canales de consciencia universal nos damos cuenta que todo, incluso cuando no lo comprendemos, es un acto de la voluntad divina en el juego de la trascendencia y de la creación del cual haces parte.