Lóbulo prefrontal

El lóbulo prefrontal de nuestro cerebro se encuentra en todo el frente de nuestra corteza cerebral y compone un tercio del total de la misma, siendo una de las partes más desarrolladas en los seres humanos a nivel cerebral, también presenta unas denotadas diferencias si lo comparamos con otras especies mamíferas cercanas como lo son los primates.

A pesar de ello, la estructura neurológica es menos densa en este lugar y por esto se ha desarrollado un nivel de interconectividad mucho mayor, lo cual apunta a concluir en diferentes estudios que la superficie asociativa del córtex del lóbulo prefrontal de los humanos tiene un carácter alométrico cuantitativo (aumento de la superficie funcional del córtex) y cualitativo (nuevas funciones cognitivas) (Bufill y Carbonell, 2004; Semendeferiet al., 2002).

También se ha encontrado que el área terciaria del lóbulo frontal es mayor en comparación a diferentes primates y cuenta con un nivel mayor de circunvolución y girificación (Cela Conde, 2002; Rilling e Insel, 1999), creando así una relación entre el aumento de esta área con características del comportamiento humano. La diferenciación funcional o el aumento respecto a los demás homínidos conlleva a que nuestra especie tendría una mayor capacidad funcional de dos tipos (fundamentales en la conducta humana) (Ardilla y Ostrosky-Solis, 2008):

Metacognitivos

(área dorsolateral de la corteza prefrontal), para procesar la información, asimilarla y utilizarla para mejorar su conducta, mediante el mayor desarrollo de sus funciones ejecutivas, imprescindibles para la organización de todo tipo de conducta y lenguaje, la memoria de trabajo y al aumento de las capacidades de abstracción y simbolismo.

Emocionales

(área ventromedial de la corteza prefrontal), que coordina la cognición y la emoción. En ese sentido, la función principal del lóbulo prefrontal es encontrar justificaciones aparentemente aceptables para los impulsos límbicos (los cuales constituyen las “funciones ejecutivas emocionales”).

Estas dos funciones siempre actúan juntas, pues cualquier acción (sobre todo si se relaciona con otros componentes de la sociedad) siempre lleva adosada un componente emocional (positivo, negativo o dentro de un amplio margen de una supuesta neutralidad emocional). Como las funciones ejecutivas se asientan principalmente en esta zona cerebral (interconectadas funcionalmente con otras áreas neurológicas), podemos intuir que la conducta moderna humana se debe, en gran parte, al desarrollo evolutivo del lóbulo prefrontal, y que sus características funcionales serían claves para comprender el origen y desarrollo de nuestra conducta simbólica.

Memoria de trabajo:

Dentro de esta corteza también encontraremos la circunvolución o el giro cingulado anterior, el cual forma parte de una red atencional ejecutiva y su principal papel es el de regular y monitorizar el procesamiento de la información de otras redes, tanto en modalidades sensoriales, como emocionales (Öschner & Gross, 2005), con la finalidad de realizar una tarea,

especialmente en situaciones que suponen esfuerzo o una conducta no rutinaria (Botvinick et al., 2004). Esta área ejerce un mecanismo de control evaluativo de los resultados que, en caso de que no sean satisfactorios, envían información a otras estructuras y nodos del sistema de planificación –la red frontoparietal y el cerebelo- que se encargan de gestionar el error, establecer estrategias de actuación, y del aprendizaje. Parece ser entonces un nodo de procesamiento que gana peso frente a estructuras prefrontales como estructura necesaria para realizar tareas cognitivas de alto nivel; especialmente cuando es necesario mantener un set cognitivo, y para detectar que dicho set está fallando en la ejecución de una tarea

Otras funciones del lóbulo prefrontal:

Mantiene inhibida la amígdala cerebral, regulando nuestros estados emocionales negativos (ansiedad y respuestas exageradas al estrés), curiosamente en las personas que presentan síntomas depresivos parece que dicho bloqueo o regulación desaparece, lo cual podría generar estos síntomas.

Influencia nuestras respuestas futuras de guía o de inhibición que requieren la integración temporal de acontecimientos y que proporcionan continuidad al proceso cerebral que conlleva el pensamiento.

Autoconciencia y personalidad.

Memoria de trabajo:

Es una modalidad de memoria a corto plazo que nos permite mantener la información fresca durante unos segundos y nos servirá como base para realizar tareas cognitivas básicas como:

razonamiento, comprensión y resolución de problemas. Sin embargo, esta también implica un reconocimiento y una comprensión de los estímulos, necesitando así de la recuperación a largo plazo del estímulo (p.ej. el significado de una palabra o el reconocimiento de un objeto).

Partícipe en niveles motivacionales y búsqueda de satisfacciones mediante el cumplimiento de metas, lo cual es un fenómeno común en personas sanas. Por el contrario, tales procesos desaparecen en individuos deprimidos, lo que explica su pobre iniciativa e incapacidad para experimentar placer.

Si se llegasen a experimentar lesiones cerebrales en el lóbulo prefrontal es probable que se alterara los niveles de cognición en la persona en la función memorística (dificultades en tareas en las que tienen que recordar el orden temporal de acontecimientos recientes), resolución de problemas (tendencia a repetir mismos errores), deterioración en la tendencia natural de búsqueda de nuevos estímulos y conductas exploratorias, así mismo como la capacidad de dirigir y sostener la atención frente a dichos estímulos, lo cual en conjunto podría manifestarse como un nivel alto de apatía en la persona.

¿Cómo puede el entrenamiento cerebral mejorar mi calidad de vida?

Se ha encontrado que utilizando tomografía por emisión de positrones (PET, del inglés Positron Emission Tomography), varios grupos de investigadores han encontrado en algunos pacientes un estado de hipo metabolismo en la corteza prefrontal de individuos deprimidos, en especial en el hemisferio izquierdo. De la misma manera, algunos reportes recientes han mostrado como la activación de dicha zona, después del tratamiento farmacológico o a través de procedimientos de Estimulación Magnética Transcraneal (EMT) (TMS, del inglés Transcranial Magnetic Stimulation), está asociado con menor intensidad de las manifestaciones depresivas.

En lo que respecta a entrenamientos con Neurofeedback, el entrenamiento prefrontal izquierdo mejora la función ejecutiva (planificación, organización y control de impulsos), la habilidad de esperar, considerar y actuar en vez de reaccionar. Es también nuestra localización más importante en el trabajo de calmar los síntomas obsesivos y compulsivos y los tics. El entrenamiento prefrontal derecho mejora el control de la regulación de las emociones básicas (apego, miedo ira y reactividad emocional).

Con el entrenamiento prefrontal las personas sueles reportar sentimientos de satisfacción y ecuanimidad. El entrenamiento prefrontal es una pieza importante para la mayoría de personas, bien sea porque quieren ponerle remedio a déficits que son obvios o porque quieren mejorar sus habilidades de rendimiento.

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