Reconociendo tu forma de vincularte

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Un vínculo es definido como la unión o la relación que se establece entre dos personas y se da de forma física o simbólica.

Como seres humanos una de nuestras necesidades básicas es la de generar vínculos afectivos con otras personas, ya que es a través de la interacción que podemos ir construyendo nuestra propia identidad. El establecimiento de vínculos comienza desde antes de nuestro nacimiento, pues en el proceso de gestación se genera un vínculo con la madre, el cual se nutre y se fortalece después del parto a través del alimento, las caricias, las miradas y el cubrimiento de necesidades de protección que nos permitirán posteriormente desplegar nuestra personalidad de manera saludable.

Podemos ver entonces que el contacto físico es el primer paso para relacionarnos y vincularnos afectivamente con los demás. Fisiológicamente, cuando hay gestos de cariño como abrazos, besos y caricias se produce la hormona de la oxitocina, la cual es llamada la hormona de la felicidad y del amor, se encuentra asociada a estados de bienestar no solo físico sino también emocional, su liberación constante nos ayuda no solo a vincularnos profundamente con el otro, sino también a combatir los estados de estrés.

A nivel cerebral, son las experiencias repetitivas las que van creando conexiones neuronales, que se van convirtiendo en patrones, los cuales se activan cuando aparecen experiencias similares y que nos llevan a reaccionar de la misma forma. Todo esto se va construyendo de acuerdo a las interacciones que vamos teniendo desde nuestro nacimiento. Podemos observar entonces que es el contacto físico el que nos permite ir generando una estructura mental y emocional acerca de la manera de vincularnos.

Los primeros vínculos afectivos generados con nuestras figuras de apego (padres o cuidadores) tienen un gran impacto en la manera en la que nos relacionamos con el mundo cuando crecemos; el tipo de manifestaciones de afecto que vamos recibiendo de nuestro entorno familiar, nos van permitiendo construir miradas, paradigmas y perspectivas de la realidad y de nosotros mismos que nos permiten relacionarnos de determinada manera en la vida.

Si en nuestra infancia, la necesidad afectiva fue cubierta a través de experiencias donde primaron el amor, el encuentro con los otros, el reconcomiendo y la estimulación del contacto físico, posiblemente en nuestra adultez tengamos los recursos personales para relacionarnos y vincularnos equilibradamente reconociéndonos como individuos únicos con la capacidad de conectarnos profundamente con el otro sin depender y sin someternos. En cambio si lo que primaron fueron experiencias de agresividad, incomprensión, indiferencia y desencuentro con los otros, nuestra manera de establecer vínculos está atravesada por el miedo y la desconfianza, generando así interacciones tóxicas y destructivas.

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Encontramos varias formas de conectar o de construir vínculos afectivos:

Evitación: Se manifiesta cuando una persona conscientemente desea vincularse, pero en la medida en la que comienza a interactuar y las relaciones se van volviendo más profundas se asusta y prefiere retirarse emocionalmente, la idea inconsciente que lo marca, es que para no sufrir mejor se aleja, muchas veces antes de experimentar el bienestar que puede generar el vínculo, se retira, es decir lo abandona, antes de sentirse abandonado.

Dominación/sometimiento: Este tipo de vinculación está marcado por la codependencia; por un lado encontramos imponencia, el poder y la necesidad de ejercer el control; y por el otro la sumisión, la inseguridad y la necesidad de ser impulsado. En este tipo de vínculo encontramos rasgos de perfeccionismo, obsesión, carácter agresivo, dependencia, represión y miedos. La interacción entre estos rasgos es lo que mantiene el vínculo a pesar del sufrimiento que pueda generar, el uno siempre depende del otro.

Ambivalente: Se produce cuando aparece la sensación de querer estar vinculado, pero no lo hace del todo, son personas que se dejan llevar más desde la razón que desde el sentir, es decir la prioridad de sus vidas están más ligadas al logro y al éxito que a la conexión afectiva con los demás; este tipo de vinculación puede ser definido es como un estar sin estar.

Vínculo Sano: Está marcado por el equilibrio entre lo que se da y se recibe en la interacción, donde se es consciente que cada uno es un individuo completo y que elige conscientemente estar con otro individuo completo, no busca complementarse sino equilibrarse, compartir y construir desde lo que cada uno es, dejando de buscar entonces lo que creemos que nos hizo falta en la infancia, para construirlo con plena conciencia reconociendo los límites propios y los del otro.

Como lo hemos venido diciendo, vincularnos es una de las necesidades básicas que tenemos los seres humanos y es de acuerdo a nuestras experiencias tempranas que aprendemos la manera de hacerlo, así mismo, podemos ver como los tipos de relación que vamos percibiendo en nuestro entorno familiar nos va llevando a adoptar la forma de hacerlo, por lo general, estas son conductas aprendidas de manera inconsciente y que incluso que transmiten de generación en generación, y vemos cómo a lo largo de la historia de nuestra sistema familiar se van repitiendo estilos de vinculación; muchas veces este estilo se da de la misma manera, pero en otras ocasiones se da de manera opuesta, es decir, si en la generación de los abuelos, la abuela era la sumisa, posiblemente en la generación de los nietos, la nieta posiblemente adopte una reacción dominante, vemos entonces que aunque cambia la manera de hacerlo, se hace presente el mismo patrón de relación.

Además de todo esto, encontramos que es el entorno el que nos va posibilitando mantener y fortalecer alguno de estos estilos de vinculación, pues las experiencias que vamos teniendo nos permiten ir visualizando nuestras conductas, emociones, ideas y creencias sobre la manera en la cual nos vinculamos.

Podemos concluir entonces que nuestra forma de vincularnos es una combinación entre lo fisiológico, las experiencias  tempranas, las normas inconscientes trasmitidas por nuestra familia y el entorno que nos rodea, si bien cada una de estas áreas genera un impacto, no quiere decir que a lo largo de nuestra vida, no podamos transformarlo siendo consciente de esta y tomando la decisión de aprender nuevas formas de hacerlo.

En Visión Integral te invitamos a reflexionar sobre la manera en la que aprendiste a vincularte para desde ese lugar aprender a hacerlo de una manera más saludable.

Laura Coy Molina, Psicóloga integral

Vínculos y Relaciones